2001. Alejandro Sanz destrozó MTV con su ‘Unplugged’. No era solo un disco acústico. Era la banda sonora de una generación que emigraba. Sonaba en departamentos de México DF mientras las familias empacaban maletas rumbo a Canadá. Tus padres lo ponían en cada viaje largo. Esas baladas desgarradoras acompañaron trayectos infinitos hacia aeropuertos, despedidas eternas.
Hoy, 25 años después, algo extraordinario sucede en Montreal. Los indie kids descubren esas mismas canciones que creciste escuchando. C. Tangana cita a Sanz como influencia directa. El flamenco-pop que tus abuelos adoraban ahora suena vintage-cool en playlists de Spotify. La herencia cultural se transmite sin filtros: lo que era despedida para una generación se convierte en descubrimiento para otra. El círculo se cierra. La música familiar nunca muere.
